No quiero vivir en un país en el que el amor entre dos personas del mismo sexo no sea considerado amor.
No quiero vivir en un país en el que el simple de hecho de existir pueda ser ilegal.
Creo que hay gente que no razona (ni está dispuesta a ello) cuya voz y voto no deberían contar en ninguna de las decisiones importantes.
Me gustaría que el dinero, nuestro dinero, se gastase en lo que de verdad importa, en las personas, y no en subvencionar los bancos que nos arruinarán en un futuro no muy lejano, o en llenar las arcas de una Iglesia rica y anticuada.